La X Cumbre de la CELAC concluye en Colombia con una hoja de ruta centrada en la integración económica, la sostenibilidad y un firme rechazo a las medidas coercitivas internacionales.
La capital colombiana se convirtió en el epicentro de la diplomacia regional tras la exitosa conclusión de la X Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). En este encuentro estratégico, cerca de 30 jefes de Estado y representantes gubernamentales ratificaron la Declaración de Bogotá, un documento que no solo reafirma el compromiso con el multilateralismo, sino que busca consolidar a la región como un actor determinante en la toma de decisiones dentro de la agenda global.
Bajo una visión de desarrollo compartido, el foro centró sus debates en pilares fundamentales como la cooperación Sur-Sur, la mitigación del cambio climático y la seguridad alimentaria. Los mandatarios presentes subrayaron la necesidad de fortalecer el rol de la CELAC como el espacio principal para el diálogo político y la consulta mutua, aspirando a una integración que permita enfrentar con una sola voz los desafíos de la modernización y la sostenibilidad.
Uno de los puntos más destacados de la cumbre fue el respaldo a la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz. En un contexto internacional complejo, la declaración expresa una preocupación latente por el uso de la fuerza y las amenazas que vulneran la Carta de las Naciones Unidas, insistiendo en que la estabilidad es el requisito indispensable para el crecimiento económico de los países miembros.
En el ámbito de las alianzas estratégicas, los Estados miembros valoraron positivamente los avances del Foro China-CELAC. Se hizo especial énfasis en el Plan de Acción Conjunta 2025-2027, el cual orientará los esfuerzos de cooperación en áreas clave bajo principios de igualdad y beneficio mutuo. Este mecanismo se perfila como un motor esencial para impulsar la infraestructura y la autosuficiencia sanitaria en toda la región durante los próximos años.
La Declaración de Bogotá también abordó frentes críticos de seguridad y justicia social. El bloque acordó profundizar la lucha conjunta contra las organizaciones criminales transnacionales y propuso formalmente que la próxima Secretaría General de la ONU sea ocupada por un representante nacido en América Latina o el Caribe. Asimismo, se manifestó una solidaridad unánime hacia Haití para apoyar sus esfuerzos de estabilización política y social.
En materia de política exterior, la cumbre reafirmó su postura histórica contra el bloqueo económico a Cuba, respaldando la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los líderes regionales denunciaron las leyes con efectos extraterritoriales y criticaron la inclusión de la isla en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, señalando que estas medidas generan obstáculos injustificados para las transacciones financieras internacionales y el desarrollo de su pueblo.
El evento cerró con un cambio de liderazgo estratégico: Uruguay asumió la presidencia pro tempore de la organización para el periodo 2026-2027. Con este relevo, la CELAC se prepara para una nueva etapa en la que la integración energética y la autonomía regional serán las prioridades de una hoja de ruta que busca blindar a Latinoamérica frente a las fluctuaciones del panorama geopolítico mundial.